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miércoles, 18 de enero de 2012

MAMI ¿EXISTEN LAS PRINCESAS?

Claro que si cariño, existen las princesas, las hadas, los Pitufos, los…Bueno que sé yo, una vez, hasta oí hablar de los Minset, pero hoy te quisiera contar la historia de una princesa que vivió en un reino muy lejano, cuando Italia sólo eran ducados y otras cosas por el estilo y aunque te he dicho que la princesa era de un reino, creo que he exagerado un poco, pero bueno…
Cuentan los que conocían el reino, que antes que la princesa, el reino estaba mandado por un gordo y malvado rey, que viendo que las raíces de su reino se estaban moviendo, abdicó en la personita de la princesa, el rey Luichi Alperini III, cuando vio que los pilares de su reino, por culpa de algunas que otras circunstancias, se hundía en las aguas del puerto, pensó, lo mejor será tomar puerta y que mi princesa se haga cargo de todo.
La princesa Sonnria dil Castteddo, que ya nació princesa, mientras el malvado rey había usurpado su reino, se dedicó a visitar los barrios de su ciudad, hasta los más cercanos a las vías y así llegó a conocer a todos sus súbditos y cuando de nuevo la corona ciñó su frente, la princesa, puso todo su empeño en hacer felices a aquellos que ella más quería. Una de la más caras aficiones de la familia dil Castteddo, era la jardinería, por lo que al poco tiempo, de tomar el mando, su pueblo refulgía esplendoroso y bello, si bien tenían que cambiar a menudo las plantitas que con tanto amor plantaban, ya que debido a la sequedad del paisaje y a las altas temperaturas, las plantitas, no llegaban a prosperar a pesar de que la princesa y sus trabajadores, se esforzaban con esmero y al regarlas les cantaban dulces canciones, para que no estuvieran tristes.
En este reino, todo era felicidad y alegría, hasta que un terrible ogro llamado crisis, se quiso apoderar del pueblo de la princesa. La princesa Sonnria, pensó que para que todo funcionara como es debido, sus súbditos aportaran un óbolo para que se pudieran plantar más plantitas (y de paso dar trabajo a sus gentes) por lo que decidió llenar su ciudad de simpáticos aparatitos, que al pasar sus súbditos en sus coches, les hacían preciosas fotografías a todo color, que luego ellos pagaban a precio de oro, en las calles puso zonas, donde aparcar costaba el pago con liras, pero para hacerlo más bonito y que el juego tuviera más interés, después de que hubieran pagado, por parar, después de haber pagado su coche, por otras cositas tontas, volvían sus guardias de ataque y con mucho cariño, denunciaban al malvado que se había dejado el coche, pensando que con su tiket ya había cumplido (¿habrase visto mayor descaro?). La princesa se iba haciendo mayor y su rostro ayer dulce y jugoso, debido a tantos problemas, de mando y familiares, se iba transformando y un rictus de melancolía, hacía que las comisuras de sus labios, sonrientes y risueños, hoy pareciera que amargaban por los costados.
MORALEJA.- Cariño, aunque eres muy pequeña te lo debes de aprender, las princesas existen, pero luego a veces, llegan a reinas. Cuento de princesas sin parecido a la realidad, cualquier parecido será pura y dura coincidencia. pepaherrro

1 comentario:

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