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sábado, 22 de octubre de 2011

DIVINO RAFAEL...ESTELA

Después de haber andado varias horas, de nuevo el niño se sintió cansado y quiso descansar debajo de un árbol y al llegar debajo de sus ramas, el niño vio un pequeño polluelo que había caído del nido y estaba siendo acosado por unos roedores, que trataban de hacer del pequeñuelo su comida del día. El gavilán que había hablado al niño llegó para ayudar al niño y a su polluelo, el niño, metió al pequeño polluelo debajo del abrigo de la manta que llevaba y el polluelo se quedó dormido en los brazos del niño. El gavilán, se dirigió a Rafael y le preguntó ¿porqué el niño no ha subido al polluelo al árbol? A lo que Rafael le contestó, que él le había hecho la misma pregunta, a lo que el niño le respondió, que porque el gavilán, le había pedido, que no tocara ni los árboles, ni sus frutos. Cuando oyó el gavilán lo que le decía Rafa, bajó a tierra y se convirtió en una princesa de cuento de hadas y mirando a Rafael a los ojos, le dijo: soy la princesa Lay-Chi y como el niño es la mejor y más honrada de las personas, lo llevaré conmigo a mi país, será mi consejero y cuando tenga la edad suficiente, lo haré mi esposo, en cuanto a ti que te has brindado a ayudar al niño, me puedes pedir un deseo que te concederé sea lo que sea. A lo que Rafael contestó: muchas gracias princesa, pero como no necesito nada, si que te quiero pedir una cosa y es que no permitas que mi lápiz, vuelva a pintar a un niño con la mirada triste. La princesa dio a Rafael un paquete, que al abrirlo encontró dentro muchos lápices de los mejores para dibujar, para él una eterna sonrisa y en un sobre, un contrato en el que se comprometía la princesa, a que mientras Rafael no pierda su sonrisa, ella no consentirá que los niños que pinte Rafael, pierdan la suya. Al despertar de su sueño, nuestro amigo Rafael quiso recordar la imagen de la princesa y lo único que consiguió, es que el gavilán, viniera a verme a mi casa, y agitando sus alas me dijera…Tú dirás lo que quieras, pero Rafael es divino. FIN.-nota de la autora: Ayer, la historia del Divino Rafael, fue leida por ciento veinticuatro amigos. Por Rafa y por mí, quiero repartir, ciento veinticuatro abrazos. GRACIAS A TODOS
Pepa herrero

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